En Gran Canaria, concretamente en Gáldar, desde hace muchos años se utilizan aguas desaladas, impulsadas mediante energía eólica, para regar grandes extensiones agrícolas. Gracias a este sistema, la agricultura puede mantenerse y sobrevivir en la zona, ya que en Canarias no contamos con ríos que puedan abastecer de agua a los cultivos.