La OMM informa de que 2025 fue el segundo más cálido de la historia reciente

Seguimos inmersos en una etapa cálida: la OMM informa de que 2025 fue el segundo más cálido de la historia reciente.

Durante 2025 el clima global del planeta confirmó su desequilibrio con temperaturas récord, océanos sobrecalentados y fenómenos extremos cada vez más intensos.

Por si fuera poco, la temperatura global de la superficie del mar (entre los 60°S y los 60°N) alcanzó el 22 de marzo de 2026 los 21,13 °C, estableciendo un nuevo récord diario para dicha época del año, según datos provisionales, con tendencias posiblemente hacia el alza y con un evento previsto de El Niño, fase cálida de la ENSO.

2025, el segundo más cálido de la historia reciente: un año que consolida la tendencia del calentamiento

El estado del clima mundial vuelve a encender las alarmas. Los análisis más recientes sitúan a 2025 entre los años más cálidos desde que existen registros instrumentales, alcanzando el segundo puesto en varias series globales. Este dato no es aislado, sino que refuerza una tendencia clara: el planeta continúa acumulando calor a un ritmo sostenido.

Las anomalías térmicas se han mantenido muy por encima de los valores preindustriales, acercándose al umbral crítico de +1,5 °C. En este contexto, hablar de 2025 como segundo año más cálido implica reconocer que el calentamiento global no solo persiste, sino que se intensifica con el paso de los años.

Además, la última década concentra los años más cálidos conocidos, una señal inequívoca de que el sistema climático ha entrado en una fase de cambio acelerado.

El papel clave de los océanos

Uno de los factores determinantes en este escenario es el comportamiento de los océanos. En 2025, el contenido de calor oceánico alcanzó valores sin precedentes, almacenando grandes cantidades de energía en capas profundas.

Este fenómeno actúa como un motor silencioso del clima. El calor acumulado en el océano se transfiere lentamente a la atmósfera, elevando las temperaturas globales y favoreciendo un ciclo de retroalimentación que refuerza el calentamiento.

El patrón observado en 2025 no se entiende sin este exceso energético en los mares, que además prolonga los efectos del calentamiento incluso cuando otros factores naturales pierden intensidad.

Más energía, más fenómenos extremos

El desequilibrio térmico tiene consecuencias directas en la dinámica atmosférica. Durante 2025 se registraron eventos extremos en distintas regiones del planeta: olas de calor más persistentes, precipitaciones torrenciales, sequías severas e incendios forestales de gran magnitud.

Una atmósfera más cálida puede retener mayor cantidad de vapor de agua, lo que incrementa la intensidad de las lluvias cuando se producen. Al mismo tiempo, favorece periodos secos más prolongados en otras zonas, intensificando los contrastes climáticos.

Así, el contexto de que 2025 fuera el segundo cálido se traduce en una mayor volatilidad meteorológica, con impactos cada vez más visibles sobre los ecosistemas y la actividad humana.

Las regiones polares, en primera línea

El calentamiento global también se manifiesta con especial intensidad en los polos. Tanto el Ártico como la Antártida han registrado valores de hielo marino por debajo de la media, con episodios que rozan mínimos históricos.

La reducción de la superficie helada implica una menor reflexión de la radiación solar, lo que acelera aún más el calentamiento. Este proceso, conocido como retroalimentación del albedo, contribuye a amplificar los cambios en curso.

En este escenario, el comportamiento de las regiones polares se convierte en un indicador clave del estado del sistema climático global.

Un sistema climático cada vez más alterado

A pesar de no haber superado los registros extremos del año anterior, 2025 se ha mantenido en niveles térmicos muy elevados, confirmando la continuidad del calentamiento global. Incluso en ausencia de fenómenos naturales especialmente intensos, las temperaturas han permanecido anormalmente altas.

La reiteración de un año como 2025 evidencia que el planeta está acumulando energía de forma persistente. Este desequilibrio, impulsado principalmente por el aumento de gases de efecto invernadero, define ya el comportamiento del clima en el siglo XXI.

Cazatormentas
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