El Ártico alcanza otro mínimo histórico de hielo, el peor dato en 48 años

El hielo marino invernal del Ártico vuelve a registrar un mínimo histórico, el peor en 48 años de la serie oficial, refutando, una temporada más, una tendencia preocupante y sostenida.
Según datos del NSIDC, el hielo marino del Ártico ha vuelto a marcar cifras muy bajas al finalizar el invierno de 2026, situándose entre los registros más reducidos desde que existen mediciones por satélite.
Concretamente, la superficie máxima de esta temporada se situó ligeramente por debajo del récord del año pasado de 14,31 millones de kilómetros cuadrados, una superficie estimada hacia el 15 de marzo de 2026. Se considera que los valores dentro de un rango de 40 000 kilómetros cuadrados están empatados.
El Ártico alcanza otro mínimo histórico de hielo
El momento en el que el océano Ártico alcanza su máxima extensión helada suele producirse en marzo.
Sin embargo, en los últimos años, ese máximo es cada vez menor. En esta ocasión, los datos vuelven a mostrar un escenario de mínimo histórico en el Ártico, reforzando una tendencia descendente que se repite con frecuencia creciente.
Una tendencia que se consolida año tras año
Lo ocurrido en 2026 no es un hecho aislado. En campañas recientes, el hielo ya había mostrado valores extremadamente bajos, incluyendo el récord observado el año anterior. Esta continuidad en cifras reducidas pone de manifiesto que el sistema climático del Ártico está cambiando de forma estructural.
La reiteración de episodios de mínimo histórico en el Ártico refleja una pérdida progresiva de la capacidad del océano para regenerar hielo durante el invierno. Incluso en los meses más fríos, las condiciones ya no son suficientes para recuperar los niveles de décadas pasadas.

Temperaturas anómalas y océanos más cálidos
Entre los factores que explican esta evolución destaca el fuerte aumento de las temperaturas en latitudes polares. El Ártico se está calentando a un ritmo muy superior al promedio global, lo que limita la formación de hielo y acorta su periodo de crecimiento.
A esto se suma el papel del océano. En diversas regiones, especialmente en zonas influenciadas por aguas atlánticas, las temperaturas del mar se mantienen por encima de lo habitual. Este calor adicional dificulta la congelación y contribuye a un hielo más delgado y vulnerable.
Impactos más allá del Polo Norte
La reducción del hielo marino no es solo un problema regional. Su disminución implica una menor capacidad de reflejar la radiación solar, lo que acelera el calentamiento global. Este efecto amplifica aún más los cambios en curso.
Además, la alteración del equilibrio térmico en el Ártico puede influir en la circulación atmosférica, favoreciendo patrones meteorológicos más extremos en otras partes del hemisferio norte. Desde olas de calor hasta cambios en la trayectoria de las borrascas, las consecuencias pueden sentirse a miles de kilómetros.

Un futuro con menos hielo
Los datos actuales apuntan a un Ártico en rápida transformación. La sucesión de inviernos con valores muy bajos confirma que el sistema está lejos de estabilizarse. Cada nuevo mínimo histórico en el Ártico refuerza la evidencia de que el hielo marino sigue perdiendo terreno.
De mantenerse esta tendencia, los veranos con una cobertura de hielo muy reducida podrían convertirse en la norma en las próximas décadas, consolidando uno de los cambios más visibles del clima global.
También mal dato en la Antártida
En el lado opuesto del planeta, en la Antártida, el hielo marino de verano alcanzó un mínimo anual de 2,58 millones de kilómetros cuadrados el 26 de febrero de 2026.
La extensión de este año representa un aumento en comparación con los niveles inusualmente bajos de los últimos cuatro años.

Si bien es 260 000 kilómetros cuadrados inferior al promedio del período 1981-2010, el mínimo de hielo marino antártico se situó muy por encima del mínimo histórico registrado el 21 de febrero de 2023, de 1,79 millones de kilómetros cuadrados.



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