Entender el lenguaje de las nubes nos permite identificar las señales que nos envía el cielo acerca de qué tiempo puede hacer en las próximas horas.

Aspectos como el tipo de nubes y su evolución, los colores del cielo e incluso la facilidad para oír ruidos lejanos nos pueden estar indicando que algo está cambiando en la atmósfera.

Sin embargo, dichas pautas no son principios que podamos aplicar a rajatabla y es la experiencia del buen observador la que determina la fiabilidad de esos mensajes que además están influenciados por las singularidades de la comarca o de la estación del año. Veamos algunas de esas señales.

El halo solar o lunar

En los meses lluviosos, cuando apreciamos que la luna o el sol tienen un gran halo a su alrededor podemos dar casi por seguro que estamos ante un cambio de tiempo.

Generalmente, este tipo de fotometeoros, cuando aparecen muy bien definidos y duraderos en el cielo, anuncian la llegada de un frente de lluvias con hasta 6 horas de antelación.

Halo solar

Los Altostratus translucidus y opacus

La nube que genera el halo (Cirroestratos) tiene el aspecto de un velo uniforme blanquecino.

La confirmación de que está llegando aire húmedo en las capas altas de la atmósfera y se avecina un cambio de tiempo es cuando dicho manto nuboso invade el cielo y posteriormente va espesando y adquiriendo un color grisáceo: han llegado los Altostratus translucidus y opacus.

En este caso, generalmente, no nos equivocaremos en la predicción y, en un par de horas o en 4 a lo sumo llegarán las lluvias de mano de otras nubes aún más gruesas y grises: los Nimboestratos.

Nubes rotas, síntoma de buen tiempo

Otras veces, por el contrario, el estrato nuboso puede romperse y quedar todo en un amago… quizás notemos que en las siguientes horas el viento arrecia y que aparecen más nubes: el frente de lluvias quedará lejos y sólo nos está afectando su parte menos activa.

Una regla general, como todas las que estamos compartiendo en esta entrada no siempre válida, es que cuanto las nubes aparecen desgarradas y rotas hemos de esperar tiempo estable.

Los típicos nubes y claros que no deben ir a más, cielos caóticos con nubes circulando a distintos niveles de la atmósfera….

La estelas de aviones duraderas

Otra señal que se anticipa bastantes horas al empeoramiento del tiempo es la presencia continua en el cielo de las estelas de los aviones.

Como en el caso anterior, este indicador nos está informando de que el aire húmedo procedente de capas bajas está ascendiendo, favoreciéndose la formación de nubes a todos los niveles en las siguientes horas.

Por el contrario, si vemos pasar un avión a gran altura y este no deja rastro alguno en el cielo podemos estar seguros de que el tiempo permanecerá estable.

Si esas estelas van inmersas en nubes del tipo Cirrus uncinus, con forma de gancho, o de Cirroestratos, las que forman los halos, más seguridad hay en el pronóstico.

Cirrus uncinus

Oír ruidos lejanos

Aunque es muy difícil de apreciar, sobre todo en una gran ciudad, cuando contando con tiempo estable existe gran facilidad para oír ruidos alejados y a esto se une que las montañas presentan un color grisáceo, como veladas por una bruma o taró, podemos estar ante otra señal de cambio de tiempo en varias horas.

Cielo aborregado… tiempo cambiado

Muchos lectores habrán oído alguna vez aquello de que cielo aborregado (o enladrillado) tiempo cambiado. Muchas pequeñas nubes aborregadas, gruesas, con pequeñas torretas o protuberancias hacia arriba son un claro síntoma de inestabilidad en la atmósfera.

Incluso suelen prever tiempo inestable a más corto plazo de tiempo y a menudo tormentoso… sobre todo si este tipo de nubosidad tiende a adueñarse del cielo.

Sin embargo, no debe confundirse con un cielo de nubosidad muy similar, es decir, pequeños glóbulos nubosos pero aplanados o achatados, sin desarrollo vertical y sobre todo que no tiende a invadir el cielo, lo cual es un síntoma de atmósfera estable.

Las nubes onduladas presagian tiempo muy inestable

Difícil de advertir, aunque una baza segura en nuestra previsión, es la observación de nubes onduladas. Son grandes bandas de nubes, en forma de rodillos, alternadas con claros, dispuestas en bandas (recuerden la imagen de las patatas onduladas).

Entonces, existe una altísima probabilidad de que en nuestro entorno se formen tormentas en un corto plazo de tiempo (no más de una o dos horas).

Nubes con aspecto ondulado

Los colores del cielo

Los colores del cielo al amanecer y al atardecer, pueden darnos ligeras pistas sobre la evolución meteorológica.

No son muy fiables sus señales, pero a menudo, si estamos en jornadas de tiempo inestable, el color rojo del orto y grisáceo del ocaso nos indica que el tiempo continuará revuelto.

En el caso contrario, si estamos en jornadas de tiempo estable, el color rojo del atardecer y oscuro del amanecer nos está confirmando que seguirá el buen tiempo.

Viene tormenta: Altocumulus castellanus

Cuando aparecen en el cielo Altocumulos Castellanus es de esperar tiempo inestable más o menos acusado en el lugar de observación.

Este tipo de nubes se distinguen porque presentan protuberancias en forma de torretas o almenas que indican la existencia de inestabilidad en capas medias de la atmósfera, que en muchos casos es un anuncio de un empeoramiento del tiempo más o menos inmediato.

En otras ocasiones, esa previsión de tiempo inestable se queda en cambios ligeros, sobre todo en los meses estivales, en los que estas nubes pueden anunciar cuando aparecen durante la mañana que llegarán tormentas secas o con poca lluvia durante la tarde.


Altocumulus castellanus

Los Cúmulos de buen y mal tiempo

En verano y a finales de la primavera o inicios del otoño, es frecuente observar que tras empezar un día despejado, empiezan a formarse durante la mañana pequeñas nubes en forma de algodón.

Por lo general, pasadas las horas centrales del día, vuelven a deshacerse.

Por el contrario, si observamos que su base es cada vez más plana y oscura y sus cimas van ganando cada vez más altura, con grandes protuberancias verticales creciendo, con formas que recuerdan a palomitas de maíz o coliflores, podemos dar casi por seguro que la tarde acabará en tormenta.

A veces, sólo oiremos alguna tronada lejana, pero otras, si las nubes van adquiriendo en su cima un aspecto filamentoso y amenazador, significará que la tormenta será más seria, las tronadas más persistentes y que llegarán chubascos de agua o incluso granizo.

El cielo y la naturaleza esconden muchas más señales… las seguiremos comentando en otra ocasión.