Olas de calor en Europa y cómo influyen en ellas los cambios de la corriente en chorro

Un estudio de investigación ha lanzado una teoría que ayuda a explicar por qué Europa se está convirtiendo en un punto crítico de olas de calor extremas de temperatura y qué papel juega la dinámica atmosférica, en concreto, ciertos cambios detectados en la corriente en chorro.
Las altas temperaturas extremas parecen formar ya parte habitual del verano europeo. En los últimos años hemos visto repetirse situaciones con valores récord, noches tropicales persistentes y largas jornadas bajo un ambiente sofocante.
Pero una pregunta continúa generando interés entre los investigadores: ¿por qué Europa parece calentarse tan rápido durante determinados episodios extremos?
Olas de calor en Europa y la corriente en chorro
Diversos estudios científicos están poniendo el foco en un mecanismo atmosférico que podría ayudar a explicar esta evolución.
Más allá del aumento general de temperaturas provocado por el calentamiento global, la dinámica de la atmósfera podría estar favoreciendo que determinados episodios duren más tiempo y sean más intensos.
En nuevo trabajo, los investigadores han analizado hasta qué punto la corriente en chorro puede haber contribuido a las olas de calor observadas.

Para su análisis, definieron las olas de calor sostenidas como al menos seis días consecutivos durante los cuales la temperatura máxima del aire superó el umbral del 10 % de los días más cálidos en una ubicación determinada. Examinaron datos climáticos diarios de los dos meses más cálidos de Europa, julio y agosto, durante un período de 42 años.
Dicho estudio demuestra que la corriente en chorro suele tener tres estados. Uno de ellos es el estado de doble chorro. En este estado, la corriente en chorro se divide en dos ramas con vientos más fuertes, una sobre el sur y otra sobre el norte de Eurasia

La corriente en chorro y su influencia sobre el tiempo en Europa
La llamada corriente en chorro es una extensa banda de fuertes vientos que circula a gran altitud y que desempeña un papel esencial en la organización meteorológica del hemisferio norte. Su posición y comportamiento condicionan el desplazamiento de borrascas, dorsales y masas de aire.
Cuando esta circulación presenta ciertas configuraciones particulares, el patrón atmosférico puede quedar prácticamente bloqueado durante varios días. En lugar de un tiempo cambiante, la atmósfera entra en una especie de situación de estancamiento.
En esas circunstancias pueden instalarse potentes áreas anticiclónicas capaces de mantener cielos despejados, fuerte insolación y una acumulación progresiva de temperatura. El resultado es que una situación de calor intenso puede prolongarse mucho más de lo habitual.

Europa se comporta como un punto caliente de episodios extremos
Los investigadores han detectado que Europa occidental presenta una evolución especialmente rápida en la aparición de fenómenos extremos relacionados con la temperatura. Algunas tendencias observadas muestran incrementos superiores a los registrados en otras zonas de latitudes similares.
La explicación no estaría únicamente en un aire más cálido debido al calentamiento global. La persistencia de determinadas configuraciones de la corriente atmosférica también podría desempeñar un papel importante.
Los análisis identifican episodios con una estructura conocida como doble chorro, una configuración en la que aparecen dos máximos de viento separados entre sí. Entre ambos puede desarrollarse una región más estable donde se favorece la permanencia de sistemas anticiclónicos.

Una ola persistente puede convertirse en un problema de gran escala
Cuando una ola cálida permanece inmóvil durante varios días, sus efectos comienzan a multiplicarse. El suelo pierde humedad, aumenta la evaporación y la vegetación sufre un estrés creciente.
Ese proceso puede reforzar aún más el episodio de calor. El terreno seco deja de utilizar parte de la energía disponible en evaporar agua y una mayor proporción termina empleándose en elevar la temperatura del aire cercano a la superficie.

Por ello, una ola extrema no depende únicamente de la temperatura inicial que alcance una masa de aire. También importa cuánto tiempo permanezca activa y qué comportamiento adopte la corriente atmosférica en niveles altos.
Comprender estas conexiones resulta cada vez más importante para anticipar riesgos asociados a incendios forestales, sequías prolongadas o impactos sobre la salud pública durante los veranos europeos.



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