Ciertos patrones atmosféricos favorecen las olas de calor en Europa

Un nuevo estudio ha identificado dos patrones atmosféricos que explican por qué algunas olas de calor se alargan durante semanas en Europa occidental.
Entender qué patrones atmosféricos provocan que el calor se instale durante días o incluso semanas sobre una misma región es uno de los grandes retos de la climatología actual.
El trabajo publicado en Environmental Research Letters aporta luz sobre este fenómeno, centrándose en los episodios de altas temperaturas que se prolongan más allá de lo habitual en Europa occidental y en otras zonas del hemisferio norte.
Por qué cuesta tanto predecir el calor persistente
Las olas de calor que se extienden durante semanas resultan especialmente peligrosas: someten a las infraestructuras y a la salud de las personas a un estrés continuado, además de favorecer sequías severas y pérdidas agrícolas.
Sin embargo, estudiarlas a fondo no es sencillo. Apenas existen dos decenas de episodios de muy larga duración registrados en las observaciones históricas, lo que deja a los investigadores con muy poca muestra real para analizar la dinámica que hay detrás.

Para superar esa limitación, el equipo de investigación recurrió a simulaciones climáticas de largo recorrido generadas con el Modelo Comunitario del Sistema Terrestre en su segunda versión (CESM2).
Al trabajar con datos simulados en lugar de solo con el registro histórico, fue posible reunir un número mucho mayor de episodios prolongados y así identificar con más solidez qué patrones atmosféricos repetidos están detrás del calor extremo.

Dos configuraciones que sostienen el calor en niveles altos
El análisis reveló que existen fundamentalmente dos trayectorias de circulación en las capas altas de la atmósfera capaces de mantener dorsales anticiclónicas robustas sobre una misma zona, alimentando así el calentamiento superficial durante largos periodos.
La primera configuración, denominada tipo I, se asocia a una vaguada bien marcada situada aguas arriba y a una sucesión de paquetes de ondas atmosféricas relativamente organizados en sentido este-oeste.

En este caso, la dorsal que provoca el calor se refuerza gracias a la interacción entre las ondas y los remolinos atmosféricos, un mecanismo que recuerda a las clásicas configuraciones en forma de «omega» que suelen observarse en los mapas de altura.
La segunda, el tipo II, aparece cuando se produce la ruptura de ondas anticiclónicas a gran escala, con la trayectoria habitual de las borrascas desviada hacia latitudes más próximas al polo.
Esto genera un tren de ondas inclinado, con una dorsal orientada de suroeste a noreste, capaz de sostener el calor mediante una dinámica de ruptura de ondas favorable y una retroalimentación constante con la corriente en chorro.
Un continuo más que dos categorías cerradas
Los propios autores insisten en que estos dos arquetipos no deben entenderse como compartimentos estancos.

En la práctica, cada episodio real combina rasgos de ambas configuraciones en distinto grado, formando un continuo de situaciones intermedias más que dos categorías perfectamente diferenciadas.
Lo relevante es que, en ambos casos, se generan las condiciones necesarias para que la temperatura se mantenga elevada cerca de la superficie durante mucho tiempo, gracias a la sincronización de sucesivas interacciones ondulatorias y a la posible influencia adicional de la humedad del suelo y otras condiciones superficiales.
Qué aporta esta investigación de cara al futuro
Comprender estos patrones atmosféricos de calor no es solo un ejercicio académico: mejorar el conocimiento de la dinámica que hay detrás de las olas de calor persistentes puede ayudar a perfeccionar su predictibilidad a medio y largo plazo, algo especialmente valioso teniendo en cuenta lo poco frecuentes que son estos episodios en el registro histórico.


Los investigadores plantean que, en trabajos futuros, este marco conceptual podría servir de base para desarrollar una métrica capaz de cuantificar de forma probabilística el potencial de persistencia de una ola de calor antes de que esta se desarrolle por completo, lo que supondría una herramienta muy útil para la meteorología operativa.



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